DEPORTES
Los correveidiles

Carlos Martínez: "Si al presidente del Madrid le pareciera que mis narraciones son como las de Real Madrid TV, algo estaría haciendo mal"

No dice su equipo ni lo va a decir y asume las presiones inevitables de su trabajo con la naturalidad de quien lleva 35 años escuchando que va, siempre, con el enemigo

Carlos Martínez: "Si al presidente del Madrid le pareciera que mis narraciones son como las de Real Madrid TV, algo estaría haciendo mal"
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Carlos Martínez (Madrid, 1964) lleva, literalmente, más de la mitad de su vida (y la de casi todos) siendo la voz del fútbol en la televisión. Él narró el primer partido que emitió el incipiente Canal+, un Athletic-Betis del trofeo Colombino el 19 de agosto de 1990, y aunque su casa ha cambiado de nombre mil veces hasta llegar al actual, Movistar Plus+, ahí sigue él. Son 35 temporadas de Liga, Champions y especulaciones sobre su equipo, ese que ni ha revelado ni revelará.

Le acaban de dar en el FesTVal un premio a su trayectoria, que es una forma muy educada de decirle que es mayor, aunque a base de escalada y deporte cualquiera lo diría. Antes de ponerse camisa para la foto, aparece con una camiseta ceñida que me recuerda que me comporte, porque si me da una toba me saca del edificio. "Estoy muy agradecido porque me reconozcan, pero que te reconozcan por viejo y no por bueno es delicado", bromea.

Durante esos 35 años te has empeñado en mantener un perfil extremadamente discreto. Cosa difícil hablando de fútbol en la tele y poco habitual en este oficio. ¿Por qué?
Porque soy de una generación en la que el periodista tenía metido en el ADN que no era el protagonista de nada y sigo pensando eso a pies juntillas. Veo que el mundo va cambiando a mi alrededor y hay una nueva tendencia, que no digo ni que sea ni mejor ni peor, que es ponernos en el centro del foco. A mí me encanta estar fuera de foco porque mi única labor es decir quién lleva la pelota. Estoy ahí hablando de Mbappé, de Messi, de Cristiano, de todas esas estrellas con las que he tenido la fortuna de convivir profesionalmente, ¿cómo me voy a plantear ni por un instante que yo importo? Ellos son los protagonistas. Yo tengo muy poco que aportar a todo este espectáculo.
Ser narrador es hoy una profesión de riesgo. Se os exige una pureza absolutamente inalcanzable, que cada comentario sea con las palabras precisas y el tono exacto para no ser acusado de ir con uno de los equipos.
Sí, pero el problema con la pureza no está en el emisor, sino en el receptor, que es quien no la tiene. Tengo muy claro que cuando canto un gol espectacular del Real Madrid, el forofo madridista no me escucha porque está pegando brincos en el salón de su casa con su señora y con sus niños. Pasa igual con uno del Barça, uno del Atleti o del que sea. Lo que ocurre es que sí escuchan, con un silencio sepulcral en la habitación, los goles de los rivales y entonces es cuando les parece que los cantas con mucha alegría porque vas con el otro. En 35 años no se me ha acercado nunca alguien a decirme: "Tú eres de mi equipo". En la vida. Pero que soy del equipo rival me lo han dicho miles de veces los del Barça, los del Madrid, los del Atlético, los del Betis o los del Sevilla. No tiene remedio. Es una profesión sujeta a mucho análisis y mucho comentario, incluso a veces comentarios difíciles de aceptar y ofensivos, pero si, como yo, tienes claro que no importa nada lo que digan, se lleva bien. Yo tengo que hacer mi trabajo lo mejor que pueda en base a mis códigos y a las necesidades de tu empresa. Francamente, lo que digan las redes, los aficionados y los protagonistas no me afecta en nada.
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¿Los futbolistas también piensan que eres del equipo rival?
No tengo ninguna duda. A ver, yo tengo un privilegio que me diferencia de un periodista al uso de un medio de comunicación al uso. He trabajado toda la vida en esta casa, que es una televisión de pago, y siempre he tenido clara la vertiente comercial de esta compañía, en el sentido de que la gente paga por ver lo que le ponemos en la tele. Y me parece muy mala idea que a alguien que paga por verte se lo hagas pasar mal. Mi filosofía, que es la de la casa en general y era también la de Michael [Robinson], es intentar hacer pasar el mejor rato posible a la gente. Básicamente eso se reduce a no utilizar calificativos demasiado gruesos para lo malo y esmerarte en el elogio, porque del elogio es de lo que vivimos. El fútbol y todo lo que le rodea vive de la maravilla. De una jugada de Messi o de Cristiano y no de una entrada fea. Si hay una entrada fea, lo dices, pero no haces escarnio. Sin embargo, sí utilizas toda tu capacidad para transmitir emoción cuando narras algo extraordinario. Hemos tenido esa filosofía desde el primer día y a mí es lo que me sale. No me sale destrozar a alguien que está jugando mal, diré que ha tenido mejores días y no que vaya desastre, pero pegaré un brinco en la silla de comentarista siempre que vea algo excepcional. Sea del equipo que sea.
Preparando la entrevista leí en varias webs madridistas el mismo titular: "Carlos Martínez la lía". He picado para ver qué habías hecho y resulta que la ofensa es que, en cuando la Real Sociedad dio su tercer poste contra el Madrid, dijiste: "No me lo creo".
El problema es que si tú tienes la tesis prefigurada, lo demás da igual. Yo hablo durante 95 o 100 minutos y si tú quieres decir que soy de tal o de cual o que voy contra o a favor, no cabe duda de que vas a poder utilizar una frase con esa intención. Ahora bien, qué triste dedicarte a escuchar los partidos con el ánimo de encontrar algo que alimente tu tesis cuando, además, obligadamente tienes que descartar las 100 millones de cosas que derrumban esa misma tesis. Decir de nosotros que somos anti es un simple disparate, ni antimadridistas ni antinada. Podría entender, desde la filosofía de esta casa, que alguien dijera que vamos a favor de algo, pero en contra... Lo único de lo que hemos sido anti, nos preciamos mucho de ello y estamos seguros de que hemos colaborado a que el juego se haya dulcificado, es de la violencia. Nuestras cámaras sí han enseñado las cosas feas del fútbol que no todos muestran con el ánimo de que no volviéramos a verlas y cualquier aficionado veterano sabe que el fútbol que nos encontramos en el año 90 y el actual no se parecen en nada desde el punto de vista de la violencia.
Te convertiste en narrador por casualidad.
Sí, fue accidental. Antes de abrir Canal+, yo trabajaba en la SER y había narrado muy poco, algún partido esporádico de baloncesto o de categorías inferiores para las emisoras locales. No tenía en la cabeza dedicarme a ello y todo fue producto del azar. El elegido por [Alfredo] Relaño para narrar los partidos en la nueva tele era José Ángel de la Casa. Normal. La apuesta de una tele de pago en España era un disparate, una quimera, nadie se lo planteaba y el fútbol era el elemento clave para esa apuesta, el mascarón de proa de esa nave. Ponerlo en manos de un imberbe de 24 años no iba a pasar, lo lógico era dárselo a la voz más autorizada, que en aquel momento era la de José Ángel. Pero no le dieron la excedencia en Televisión Española, apuramos a ver si se arreglaba y, cuando ya nos pillaba el toro porque el partido empezaba en cuatro o cinco horas, Alfredo me dijo que lo hiciera yo a ver qué pasaba.
Y aquí sigues.
Pues sí. Alfredo tiene una frase mítica y maravillosa conmigo antes de llevarme a Canal+. Una noche que estábamos en su casa, a las tantas, me dijo: "Yo sé que tú vales para algo, pero no sé para qué" [risas]. Se lo he recordado bastantes veces durante todos estos años: "Pues, mira, creo que para esto sí valía".
Visto desde hoy, aquella redacción de Deportes de Canal+ era un all star. Maldini, Daimiel, Pedrerol, Robinson, Montes, tú...
Efectivamente, cuando uno lo mira con perspectiva es una locura. Pero la primera locura es que ninguno tenía la menor experiencia en televisión. Ni Maldini ni Antoni ni yo ni nadie habíamos pasado ni cerca de una tele, lo cual acrecienta el milagro. Alfredo acertó mucho a la hora de elegir y fue el líder indiscutible de la creación de esa filosofía nuestra que todos seguimos a pies juntillas. El círculo se cerró con la llegada de Michael, que aportó muchísimo desde el primer minuto. Han pasado los años y a la mayoría nos ha tratado la profesión con mucho mimo. Cuando uno mira atrás con nostalgia, el orgullo es inevitable. Antoni es un referente absoluto en el baloncesto, Maldini es el inventor de un modelo periodístico que ahora está extendido, yo llevo 35 años narrando, Pedrerol tiene un éxito referencial en otro tipo de periodismo al que hacía aquí, Ponseti tiene dos premios Ondas... Y todos crecimos a los pechos de Víctor Santamaría [realizador jefe], que creo que ha sido el tipo más importante de la tele española en los últimos 30 años.
Cambió totalmente como se retransmitía el deporte. Lo que se hace ahora es prácticamente lo mismo que inventó él hace 35 años.
El lenguaje para narrar audiovisualmente eventos deportivos sigue siendo prácticamente el mismo que él creó. No sólo en fútbol, lo hizo en baloncesto, en atletismo, en los toros... Fue una revolución. Él se quejaría y le molestaría mucho oír esto, pero es el inventor del lenguaje. Los demás le hemos puesto alguna imagen, alguna metáfora, algún calificativo y alguna frase bonita, pero el hueso y la estructura son suyas. En los últimos tiempos, ha habido un incremento de la presencia de tecnología en las transmisiones, vía grafismo y vía datos, que es muy llamativo, pero no es esencial. Si mañana quitamos todos estos circulitos y estas cositas, seguirán siendo buenas. Yo me pregunto permanentemente qué es lo que haría Víctor.
Asumo que, como chavales que erais, no teníais ni idea de lo que estabais haciendo.
No, nada, nada. En esa redacción había el espíritu de los pioneros que a día de hoy nos sigue acompañando. Creo que mantener ese espíritu es muy clave en lo que hablábamos de por qué a Antoni, a Julio o a mí aún nos va bien, Maldini y yo nos juntamos para viajar constantemente desde hace siglos y seguimos teniendo las mismas sensaciones que el primer día. Vamos a los campos, abrimos la boca igual y estamos felicísimos del privilegio de contar los partidazos que nos toca contar. Seguimos viviendo en esa especie de mundos de Yupi del principio. Evidentemente, tenemos una experiencia que nos hace ver las cosas con mucha más tranquilidad y más dominio, pero la pasión es exactamente la misma. Y en cuanto a la revolución, cuando me toca ver partidos antiguos me da un poco de vergüenza porque creo estábamos muy lejos de ser lo que somos a día de hoy. Me parezco malísimo [risas].
'El Día Después', en el que aún participas, fue el emblema de todo aquello.
Fíjate el impacto que ha tenido que los futbolistas ahora hablan con la mano en la boca para no que no los saquemos y eso que, salvo contadísimas excepciones, no desvelamos conversaciones para sacar grandes escándalos, sino que buscamos lo divertido. Alguna vez sí ha habido alguna cosa polémica, como aquella célebre bronca de Benito Floro en el vestuario en Lleida. Hubo mucho debate sobre si se emitía o no, la decisión se tomó porque se grabó desde una posición en la que la cámara estaba acreditada, pero Benito dio tantas voces que se oía por la ventana.
Ahora ya todos hemos asimilado cómo narra Carlos Martínez, pero al principio era un estilo que no se veía en la tele española. ¿Cómo fue ese proceso?
Estábamos obligados a hacer las cosas distintas, no valía ninguna receta anterior y eso lo teníamos todos clarísimo a la hora de ir a hacer un reportaje, una entrevista o narrar. Si la casa pretendía cobrar por aquello, había que hacer el esfuerzo de hacerlo diferente. José Ángel de la Casa es un maestro al que reverencio, pero yo sabía que no podía narrar en Canal+ como narraba él. Eso se juntó con una anécdota que acabó siendo decisiva para mí. Antena 3 compró un torneo de verano y mandaron a narrarlo a Gaspar Rosety, otra de mis referencias absolutas. Él venía de la radio y tenía esa idea de que la tele era un poco sosa y había que darle más emoción. Se puso a narrar el torneo de La Línea como si fuera la final de la Copa de Europa, a grito pelado y con ese ánimo, ese espíritu y esa velocidad que tenía Gaspar. Yo estaba viéndolo en una terraza de verano y recuerdo pensar: "¿Qué diablos es esto?" [risas]. Era una cosa contra natura y decidí: "Vale, hay que acelerar, pero no tanto". Si alguien se toma la molestia de escuchar las narraciones del año 90, las del 96, las del 2000 y así en adelante, verá que el ritmo paulatinamente ha ido acelerándose, no ha sido una cosa cruenta sino una progresión, pero desde el primer momento yo tenía claro que había que generar más emoción en las narraciones, un poco al estilo de lo que se hacía en Sudamérica. Hoy ya las narraciones de la radio y de la tele son perfectamente homologables en los momentos álgidos y solo se diferencian en que la radio tiene la necesidad de que no haya un silencio cuando está sacando el portero a los centrales. Yo ahí me puedo tomar un respiro.
Cada vez tienes menos respiros. ¿Cómo llevas que en la Liga se te muestre en pantalla cada vez que cantas un gol?
No me gusta y Javier [Tebas] lo sabe porque se lo he dicho. No me parece que aporte nada, pero es una de las señas de identidad de LaLiga TV, él cree que es importante y se respeta absolutamente aunque, habiendo un gol, no sé a quién le interesa mi cara.
¿Hubiera sido posible esta revolución de la que hemos hablado sin Michael Robinson?
No. Esto se lo dije alguna vez y él se descojonaba, Michael es el fenómeno de la comunicación más importante en España de los últimos 40 años junto a Karlos Arguiñano. No hay nadie en este país que no sepa quiénes son aunque no les interese el fútbol ni la cocina. Todos saben cómo son, cómo hablan y sienten empatía hacia ellos. Michael traspasó la pantalla, se metió en los hogares y se convirtió en una especie de socio amable para todo el mundo. Eso tiene un mérito increíble, sobre todo teniendo en cuenta que ni siquiera era español y el castellano no era su idioma materno. Eso sí, la gente suele decir que hablaba mal y es falso, tenía un vocabulario riquísimo y maravilloso, lo que pasa es que el acento no se le quitó nunca. Pero su castellano era la bomba, leía mucho y tenía un repertorio muy amplio con el que jugar. Además, tenía una lógica en la construcción del lenguaje y de los ritmos que a veces generaba altísima comedia. Era un genio.
Él era el cantante y tú, el guitarrista.
No somos comparables. A mí me ha ido muy bien, pero no soy ni la sombra de lo que era Michael. Yo crecí a su vera durante 28 años, mientras que él hubiera sido lo que fue con cualquier otro narrador a su lado. Lo habría bordado exactamente igual. Sin embargo, mi manera de narrar no hubiera tenido la misma notoriedad con otro comentarista al lado. Me precio de haber crecido a su sombra, es un orgullo. Además, con mi forma de ser, estaba encantado porque él era un tipo todo carisma, capaz de ir en primera línea de la batalla permanentemente, y yo me podía permitir el lujo de esquivar el protagonismo y vivir tranquilamente a su lado. Lo quería mucho y sé que él también a mí. No tuvimos conflictos de rivalidad jamás de los jamases porque Michael perdió, entre comillas, el ego cuando dejó de ser futbolista y entendió que la vida era otra cosa y yo tampoco tengo demasiado.
Han pasado cuatro años y medio de su muerte, ¿te vas acostumbrando a narrar sin él?
No. Lo echo de menos permanentemente, pero no sólo en el trabajo, donde he tenido mucha suerte. Siempre me pareció que iba a ser prácticamente imposible hacer las transmisiones sin él, pero con Álvaro [Benito] y Maldini es un lujazo, nos llevamos de cine. Y en la Liga estoy con Zamorano, que tengo una relación de mil años casi de amistad, con Iker Casillas, con Mendieta, con Joaquín... Gente referencial en el mundo del fútbol. Es distinto porque, evidentemente, nadie es Michael y no puedes construir el mismo tipo de pareja, pero estoy encantado con los compañeros que tengo y me lo paso genial. Eso sí, no habrá un sólo día en lo que me quede de vida en que no me acuerde de Michael por una cosa u otra.
Martínez posa en las instalaciones de Movistar Plus+.
Martínez posa en las instalaciones de Movistar Plus+.

En 2022, Movistar Plus+ cedió a LaLiga la producción de los partidos y, por tanto, la elección de narradores. En un principio te dejaron fuera. ¿Cómo te sentiste al pensar que se había acabado?
Son gajes del oficio. Siempre digo a mi jefe, seguramente más de lo que debería, que el día que se cansen de mí y pongan a otro, con que no sea tartamudo es suficiente. Quiero decir que no creo que haga las cosas mejor que nadie ni que sea insustituible, todo lo contrario. Lo que sí sé es que a pasión no me va a ganar nadie, da igual los años que lleve. En aquel momento lo entendí como una decisión empresarial. Esta casa decidió traspasar la producción a LaLiga y ella era libre de elegir quiénes iban a ser sus narradores. Durante esa semana y pico me limité a esperar, no sacar conclusiones y ver qué pasaba y si se aclaraba el asunto. Lo que sí te digo es que estoy enormemente feliz de que se resolviera como se resolvió.
Aquello sucedió sólo unos meses después de que Florentino Pérez se quejara en la Asamblea de socios del Real Madrid: "Movistar no nos trata bien y vamos a comunicárselo a los responsables". ¿No influyó en la decisión inicial?
No lo creo. A ver, las presiones existen y son consustanciales a nuestra profesión. No me imagino a un tipo que escriba de economía en El Mundo y no tenga presión de un gobierno, de un ministro o de un empresario. Si es que la gracia de esta profesión es convivir con eso y lograr que no te afecte. Tienes que desarrollar tu oficio de manera que seas plenamente consciente de esas cosas que pasan a tu alrededor, porque pasan, pero sin dejar de funcionar como tú crees que debes hacerlo. Te aseguro que en 35 años, ni en la etapa de Prisa ni en la de Telefónica ni ahora con LaLiga, nadie se ha acercado a decirme cómo tengo que hacer las cosas o qué puedo o no decir. Nadie. Nunca. También he puesto de mi parte para que cualquiera que haya tenido esa tentación supiera que le iba a recibir regular y no iba a ser una situación cómoda, pero ni siquiera he tenido que llegar a eso.
En cierto modo, aquella frase de Florentino sí fue deciros cómo quería que hicierais las cosas.
Lo que no podemos pretender es que la gente considere que el trabajo que hacemos es el que ellos quieren que hagamos. Eso no puede pasar. Si al presidente del Real Madrid le parece que mis narraciones son como las que harían en Real Madrid TV, algo estaré haciendo mal. Si al presidente del Barcelona le pasa lo mismo con las de Barça TV, tres cuartos de lo mismo. Aquí lo que hay que ser es plenamente conscientes del respeto al juego y a los abonados. Nos pagan igual los aficionados del Madrid que los del Sevilla o el Athletic Club y, por lo tanto, me debo a ellos exactamente de la misma manera. Somos una plataforma de entretenimiento y lo que quiero es hablar lo mejor posible de todos los equipos, porque es mucho más divertido intentar que un partido maravilloso lo sea todavía más que estar soltando brea por la boca para hacer que la gente lo pase mal. A esta casa la gente se abona para consumir deporte, no para consumir lo que se dice en un Consejo de Administración. Quieren ver a Mbappé, a Lamine, a Nico Williams o a Jesusito Navas, que ojalá nos dure mucho. Pagan por eso. Para nosotros, las directivas no son un tema. ¿Que les molesta? Bueno, si eres periodista y no has sentido presión en tu vida o estás en un sitio muy pequeño o estás haciendo un trabajo que no tiene ninguna trascendencia, porque lo normal es que siempre seas incómodo para alguien.
Pese a lo que hablábamos al principio de las críticas, esos días en los que parecía que no ibas a narrar se generó una gran reacción popular pidiendo a la LaLiga que rectificase.
Las redes son como son. Lo mismo me atacan que me convierto en el mejor narrador del mundo cada vez que narra el pobre [Juan Carlos] Rivero en TVE. El ruido que se genera en ellas en el fragor de un partido no es una representación de la sociedad. La representación real de la sociedad es la gente callada que ve el fútbol, lo disfruta, de vez en cuando comparte algo y se moviliza muy, muy poco. Si tengo 280.000 seguidores en Twitter, hay 270.000 que probablemente nunca me han dicho nada, pero me siguen porque les interesa lo que digo y simplemente observan, que es como nos comportamos casi todos en la vida real. Entonces, claro, cuando esa gran mayoría se moviliza sí hace ruido, pero son contadas excepciones. Este caso fue una y lo agradecí mucho, pero no me sorprendió. Si fuera por lo que dicen de mí tras cada partido en las redes sociales o en pseudomedios digitales adscritos a los equipos, tendría que ir a cualquier estadio protegido por los antidisturbios, pero la realidad es que lo que me pasa en los campos, en la calle o en la playa es que la gente me pide fotos y suele valorar mi trabajo.
Con lo que te gusta a ti la fama...
Ya, me da hasta vergüenza contarlo. Además, muy frecuentemente me hace sentir viejo porque una frase que se repite cuando alguien se me acerca es: "Yo he crecido contigo". Es una manera muy mística de llamarte anciano, pero ese es el tono enormemente mayoritario de la gente. Entonces, cuando pasa lo otro, que unos pocos sacan punta al lápiz para criticar que tú has dicho o querías decir no sé qué disparate, me da igual. Yo tengo mucha prudencia a la hora de calificar las cosas, pero no por lo que piensen de mí en el Madrid o en el Barça sino por respeto a los abonados.
¿Cómo valoras que ahora sea normal que el periodista diga de qué equipo es?
Lo respeto aunque yo no lo haré nunca. Lo único que me fastidia de este cambio es que, de pronto, alguno se permite el lujo de decir que lo honesto es decirlo y los deshonestos somos los que callamos. Eso sí que no. De todos modos, creo que la gente no se puede ni imaginar cómo, con el paso del tiempo, los colores dejan de afectarte cuando te pasas hablando de fútbol todo el día. Claro que soy de un equipo, como todo el mundo, pero ha dejado de ser importante para mí. En el ADN de todos los periodistas de mi generación estaba no decir tu equipo y ahora llega este nuevo periodismo en el que parece que si no eres abiertamente de un equipo y tus juicios se emiten desde la posición de defender sus intereses, lo estás haciendo mal. Es absurdo. Creo que se puede ser honesto y deshonesto desde ambas fórmulas, la verdad. Un ejemplo clarísimo de mi generación que rompió la norma es Santi Segurola. Toda la vida ha ido de aficionado del Athletic y nadie en su sano juicio podría decir que eso ha definido sus opiniones. La cuestión no tiene que ver con que seas periodista de camiseta o no, sino de que lo que cuentes sea lo que tú crees y no una consigna o un intento de ayudar a no sé quién. En fin, allá cada cual. La esencia de esta profesión siempre tuvo que ver con la realidad y sería muy malo que dejara de ser así para pasar a tener que ver con los colores.
El programa futbolístico de referencia en televisión es 'El Chiringuito', donde el periodismo de bufanda es seña de identidad.
Mira, yo luego me voy a presentar 'El Día Después', que sigue teniendo la misma filosofía de hace 35 años y es el programa referencial de esta casa. Cabe todo, se puede hacer periodismo de distintas maneras y hay fórmulas de éxito en todos los lados. La gente es libre de elegir lo que le parece y lo que no y no me oiréis nunca hablar mal de ese otro tipo de hacer periodismo. Cada uno elige la manera en que desea ejercer la profesión. Eso sí, a mí no me van a quitar mi forma de ejercer porque es en la que creo y santas pascuas. Es así de simple la película y más en fútbol, que no estamos en un quirófano operando a corazón abierto. Los periodistas deportivos tenemos un montón de errores, hacemos un montón de pifias y no somos suficientemente conscientes de que nos dedicamos a algo que es completamente secundario en la vida de la gente. Yo también me sé todas esas frases maravillosas de los ingleses sobre la trascendencia del fútbol, pero si al mayor forofo del mundo le pasa algo realmente importante en su familia, no existe el fútbol. ¿Qué importancia tenemos?
Poca.
Ninguna. Yo grito los domingos, vaya mérito.